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‘Sinaloa’: El espejo de una guerra fallida
Columnas

‘Sinaloa’: El espejo de una guerra fallida

Contexto

Luis Enrique Arreola Vidal

La crisis de inseguridad en Sinaloa es el reflejo más claro de las contradicciones en la estrategia nacional de combate al crimen organizado. En el estado que vio nacer al cartel más emblemático del país, los gobiernos han oscilado entre la confrontación, la negociación y la capitulación. Pero, ¿Qué significa el “fallo” de la guerra contra el crimen en un territorio donde los grupos armados se confunden con el tejido social?

El “culiacanazo” de 2019 fue quizás el ejemplo más evidente de la incapacidad del Estado para enfrentar a grupos que tienen tanto poder militar como legitimidad social. Cuando el gobierno federal liberó a Ovidio Guzmán para evitar un baño de sangre, quedó claro que los acuerdos tácitos entre las élites políticas y criminales siguen moldeando la gobernanza de Sinaloa.

El discurso oficial ha insistido en una narrativa de “abrazos, no balazos”, pero en Sinaloa los abrazos parecen dirigidos más a los capos que a las víctimas de la violencia. Mientras tanto, las comunidades rurales continúan atrapadas en el fuego cruzado entre cárteles rivales y fuerzas de seguridad.

Sinaloa también pone en evidencia la cooptación de las estructuras estatales. Desde los esquemas de lavado de dinero que se mimetizan con los sectores agroindustriales, hasta los sistemas de seguridad local, el crimen organizado no opera a pesar del Estado, sino a través de él.

La pregunta es inevitable:

¿Cuánto de Sinaloa hay en el resto del país? El fracaso de la estrategia en este estado no es un caso aislado, sino un síntoma de una guerra que desde sus inicios estuvo destinada a fracasar. Sin un replanteamiento profundo, seguiremos viendo el mismo patrón: estados convertidos en campos de batalla, ciudadanos desprotegidos y gobiernos que prefieren el apaciguamiento al enfrentamiento.

En un México que parece resignado a convivir con la violencia, Sinaloa nos recuerda que la normalización no es el destino, sino una elección. Y una elección, como toda guerra, que tarde o temprano nos alcanzará a todos.

ALTO NIVEL.

El pueblo de México tiene gran parte de sus esperanzas en que a través de las estrategias implementadas por Omar García Harfuch México recupere el Estado de Derecho.

 

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