“No hay viento favorable para quien no sabe a dónde va.”
Séneca
La actuación de la Selección Mexicana durante el Mundial dejó satisfecha a la mayoría de los aficionados. El paso perfecto durante la fase de grupos y la batalla que se vivió durante la eliminación frente a Inglaterra se reflejaron en el ánimo de muchos. Sin embargo, conforme la euforia disminuye, al fondo del vaso quedan sedimentos que bien vale la pena analizar.
Con el paso de los días, equipos de talla distinta han quedado eliminados. Potencias como Alemania y Brasil dijeron adiós a la Copa, de la misma forma que nuestro acérrimo rival —aunque muchos no lo consideran así— Estados Unidos.
Difícil establecer planes y estrategias sin tener claridad de a dónde queremos llegar. Tenemos una afición sin igual que apoya, consume y practica futbol como pocas en el mundo; no obstante, en mi muy particular punto de vista, no estamos aprovechando suficientemente este gran deporte. Más allá de formar mejores futbolistas, podríamos utilizarlo para formar mejores ciudadanos: niños y jóvenes más sanos, disciplinados y mejor preparados para enfrentar los retos de la vida adulta. Si logramos eso, los resultados deportivos llegarán por añadidura.
Para dar un poco de contexto, me gustaría traer a la mesa dos recientes declaraciones emitidas por actores acreditados. Por un lado, Javier Aguirre, exjugador y extécnico de nuestra selección nacional, quien ha recomendado a los federativos mexicanos fortalecer el desarrollo de entrenadores capaces de formar mejor a nuestros niños y jóvenes. Por obvias razones no encontraremos una crítica cruda y frontal de alguien que representa tanto para nuestro futbol; aun así, me parece que su propuesta conecta de manera importante con varios de los objetivos que este deporte puede cumplir.
Por otro lado, Landon Donovan, extraordinario exjugador de la Selección de Estados Unidos que para mi generación se convirtió en el verdugo y villano favorito en los encuentros entre ambos equipos, cita un estudio que demuestra que en su país solo quienes pueden pagar están practicando futbol, dejando fuera a millones de niños y jóvenes que podrían disfrutar de este deporte y de todo lo que ello representa.
Con estas dos ideas en mente, yo preguntaría: ¿qué queremos? Entiendo que los dueños de equipos buscarán generar más y mejores negocios. Nuestros federativos, integrar una selección nacional competitiva cuyos triunfos se traduzcan en ingresos y prestigio. Los padres de familia buscamos que nuestros niños y jóvenes practiquen un deporte que contribuya a su salud física y mental y que los provea de herramientas para encarar con mayores posibilidades de éxito los retos que representa la vida adulta.
Si los objetivos de cada grupo son distintos, la pregunta deja de ser quién tiene razón y pasa a ser cómo alineamos esos intereses. ¿Es posible generar un plan transversal que permita cubrir todos los ángulos y cumplir, al menos parcialmente, los objetivos de cada grupo? Estoy seguro de que sí. Se requiere un trabajo en equipo tan sólido como el que desarrolló nuestra selección durante la pasada Copa Mundial, generando los incentivos necesarios para que cada actor haga su parte.
Alguien debería asumir el liderazgo y coordinar a los representantes formales de cada grupo para desarrollar un verdadero plan de largo plazo. Es difícil imaginar a alguien oponiéndose al objetivo de que más niños y jóvenes practiquen futbol en México; el reto consiste en alinear incentivos para hacerlo realidad. Si lo logramos, podríamos construir un sistema que forme mejores ciudadanos a través del deporte y que, como consecuencia, produzca más y mejores futbolistas para nuestros clubes, para las ligas del extranjero y, finalmente, para nuestra selección nacional. ¿Y si nos ponemos de acuerdo?


